
Las imágenes hablan
A petición de Pedro Valtierra entrevisté a los Lilly por primera vez, en agosto de 2000, para La Llovizna. Me interesaba escribir sobre Matapoa -Santos de la Torre Santiago- y su mural perdido. La historia indignante que llevó al mural de Santos a París y a Santos al olvido tenía una madeja de la que el hilo eran sin duda ese par de investigadores casi míticos. Fue en el museo zacatecano donde comenzó esta historia.
Con John y a Colette entras en dimensiones otras. No podría describir cuánto representaron, ni lo mucho que agradecí que me abrieran su casa, su corazón, su enorme conocimiento con tanta generosidad. La anécdota más divertida que nos une es que en una de tantas veces que me quedé sin casa Colette casi convenció a su casera para que me rentara un salón de bailes en el que todavía no había habido ningún baile. El lugar era fabuloso. Colette, John y yo hicimos el trazo mental de mis nuevos aposentos. Aquel inmenso galerón quedaría convertido, virtud de algunas mamparas y pendones, en una casa cómoda de muchos cuartos. Aquí, el estudio, allá las recámaras, luego el baño y la cocineta, con regadera estilo apartamento de París, manual, para ser más prácticos. Hubo unas cuantas piedras en el zapato... la regadera, la primera. La dueña argumentaba que no quería ponerla. Le parecía que le mermaba estilo a su proyecto en mieses. Arruinaría "el decor" de aquel recinto pensado para fiestas glamorosas. Además, no quería que cocinara sino comida fría. Tampoco pretendía dejarme utilizar fogón y dañar el emplastado de yeso, con decoraciones que le tiraban al art nouveau con nouveau riche, en feo.
Al final desistimos, por cansancio, pero aquellos planes nos acercaron más que nunca y, sobre todo, me diron a ver, de cerquita, como son esos dos "locos", "soñadores", que lo dan todo por los huicholes, sin más remuneración que la propia certeza de estar en el buen lado de la vida.
Bien puedo dividir mi vida en un antes y después de los Lilly, sin duda alguna. Y si tuviera que volver a iniciar mi viaje a Zacatecas tan solo por conocerlos a ellos, lo iniciaría, sin pensarlo dos veces.


