Inolvidables

Inolvidables
Nos colamos, por la puerta de atrás, al convivio con Sari Bermudez en el museo Rafael Coronel, a instancias de Inés de León, la pintora de verde. No habíamos sido invitadas, por supuesto. Adentro, muy elegantes departían chocando copas los comensales. En el grupo íbamos, resplandecientes, aunque ni de pipa ni de guante, Colette Lilly, Rosa María Campos y yo... y, ya puedes constatarlo, robamos cámara con el mero mero protagonista de aquella escena luminosa. Al centro, Rafael Coronel, de carne y hueso. El fotógrafo Javier Ponce, captó el momento.

Con Tito Monterroso

Con Tito Monterroso
Fue luego de aquel maratón de lecturas y lecturillas en las que los talentos se pelearon por un poco de reflector. Al final Tito pidió tres minutos de silencio y luego, en el pasillo fresco del Quinta Real escuchó con atención la anécdota de mi caida...

John y Colette Lilly: Dos refugiados espirituales



Las imágenes hablan

A petición de Pedro Valtierra entrevisté a los Lilly por primera vez, en agosto de 2000, para La Llovizna. Me interesaba escribir sobre Matapoa -Santos de la Torre Santiago- y su mural perdido. La historia indignante que llevó al mural de Santos a París y a Santos al olvido tenía una madeja de la que el hilo eran sin duda ese par de investigadores casi míticos. Fue en el museo zacatecano donde comenzó esta historia.

Con John y a Colette entras en dimensiones otras. No podría describir cuánto representaron, ni lo mucho que agradecí que me abrieran su casa, su corazón, su enorme conocimiento con tanta generosidad. La anécdota más divertida que nos une es que en una de tantas veces que me quedé sin casa Colette casi convenció a su casera para que me rentara un salón de bailes en el que todavía no había habido ningún baile. El lugar era fabuloso. Colette, John y yo hicimos el trazo mental de mis nuevos aposentos. Aquel inmenso galerón quedaría convertido, virtud de algunas mamparas y pendones, en una casa cómoda de muchos cuartos. Aquí, el estudio, allá las recámaras, luego el baño y la cocineta, con regadera estilo apartamento de París, manual, para ser más prácticos. Hubo unas cuantas piedras en el zapato... la regadera, la primera. La dueña argumentaba que no quería ponerla. Le parecía que le mermaba estilo a su proyecto en mieses. Arruinaría "el decor" de aquel recinto pensado para fiestas glamorosas. Además, no quería que cocinara sino comida fría. Tampoco pretendía dejarme utilizar fogón y dañar el emplastado de yeso, con decoraciones que le tiraban al art nouveau con nouveau riche, en feo.
Al final desistimos, por cansancio, pero aquellos planes nos acercaron más que nunca y, sobre todo, me diron a ver, de cerquita, como son esos dos "locos", "soñadores", que lo dan todo por los huicholes, sin más remuneración que la propia certeza de estar en el buen lado de la vida.

Bien puedo dividir mi vida en un antes y después de los Lilly, sin duda alguna. Y si tuviera que volver a iniciar mi viaje a Zacatecas tan solo por conocerlos a ellos, lo iniciaría, sin pensarlo dos veces.

Con Rafael Coronel



Rafael Coronel, coleccionista de tesoros.

Una breve conversación, premio a que yo llegase tempranísimo a un evento de ICOMOS, dio pie a esta nota. El título me lo inspiró el libro de cuentos de la sudafricana Bessie Head. Coleccionista de tesoros es también coleccionista de memorias, momentos, intercambios excepcionales.

“No hay otro como Moli en Zacatecas, sí, sólo Juana Gallo”: Rafael Coronel


Aquí no hay más palabras que esta charla cuyo título lo dio la espontaneidad con que Rafael hizo, literalmente, la noche. Celebrábamos a Moli, El molinillo. Apenas las palabras de Rafael Coronel para darnos idea de qué tan significativo es Moli para Zacatecas.

Y al igual que todos los caminos van a dar a Roma; a Moli van a dar las vidas de todos los zacatecanos. Moli es una suerte de maestro de la estética cotidiana. Adorador de lo visual... "Mira qué bien está combinado", me dijo Rafael, acomodando el paraguas que Moli llevaba con gran porte y un inmenso sentido de la elegancia -al tiempo que le advertía a Moli, en son de broma, que se cuidara de los presentes, no fueran a llevarse su paraguas.

El contexto, la casa de Alfonso López Monreal, este pintor miembro de la academia de Irlanda, que dio pie a que nos apoltronáramos, todos -Apolonio, el secre de Educación; Lozano, el de Desarrollo Económico y Castanedo, figurín del gobierno monrealista, Rigo, Uriel, la textilera de San Luis- en las butacas del cine Ilusión, a rememorar esto que luego, previa autorización de Rafael, se eternizó en mi última entrega al diario que me acogió, casi por accidente, en Zacatecas, México.

Con Manuel Felguérez



Un genio de la aventura creativa


Una errata sin remedio dio pie a mi primer encuentro con Manuel Felguérez y Meche. No recuerdo si mi prisa quiso que lo llamara Miguel o Moguel. El caso es que luego de llorar un par de lágrimas me decidí a reparar mi entuerto. La providencia quiso que fuera en La Acrópolis, donde lo volviera a ver. Aquel día, Chelito y Ame se habían comprado unos grabados de él y él aparecía, como traído por la magia del momento. No sería sino hasta septiembre que se diera el espacio para una entrevista larga, que improvisamos en medio del trajín de la reinauguración del museo que lleva su nombre. Ahí hablamos de todo. La entrevista fue reimpresa en Ventana Interior. Habría podido llenar un par de fojas más, pero el director andaba de pocas pulgas. Un par de días después llené mi caja de fotos y papeles y dejé para siempre el periódico. Implícitamente, era mi despedida de Zacatecas, aunque no la dejé sino tiempo después. Cumplía mi ciclo con dos grandes, Felguérez y Coronel. El broche de oro fue la reinauguración de su museo, en el antiguo penal, el único evento cultural que disfruté a mis anchas, sin la premura de entrevistar o fotografiar a nadie. Estaba escrito y fue... What a finale!

Con Vicente Rojo


Las escuelas deberían de empezar leyendo el periódico diario. Foto de José Luis Cervantes.



Vicente Rojo (portada).
Ha creado un volcán zacatecano.


Aquella mañana, y aunque nos habíamos preparado, el Instituto Zacatecano de Cultura planeaba darnos el portonazo. De última hora nos avisaba que no había comentado la entrevista solicitada con Vicente Rojo. Así, debíamos quedarnos como novias de pueblo, sin más, el director del periódico, el fotógrafo y yo... e irnos con nuestra cámara y grabadora a otra asunto.

Fue entonces, cuando al fondo del pasillo, cercano al portón exterior del Manuel Felguérez, lo vi venir y me acerqué para explicarle que no podía dejarnos así. Habría querido decirle la coincidencia insólita de que le reservaran un sitio en el periódico a un pintor, versus a un político, en cinco de febrero, pero no había tiempo. Así que improvisé una invitación al diálogo, sin ninguna formalidad, los minutos que fuesen.

Después, desaparecieron el cronómetro y la prisa, como por arte de magia. Entramos en otra dimensión, à trois, Francisco Barradas, Vicente Rojo y yo. La prestidigitadora ausente, fue Margarita García Flores, quien, a decir del propio Vicente Rojo, le había hecho su primera entrevista.

Vicente Rojo, tal vez ni siquiera se acuerde. Para mí, fue el triunfo de una portada en el periódico, desplazando medio cuerpo de Fox, en su primer día de la constitución como presidente. ¡Uf!

Con Rigoberta Menchú

"Eres chocolate como yo." Foto de José Luis Cervantes.

Sigue las ligas para llegar a la entrevista/crónica de María Dolores Bolívar publicada por el diario Imagen, de Zacatecas, el 26 de enero de 2001, con foto de José Luis Cervantes.

Mucho Menchú (Portada)
Encuentro de dos culturas milenarias
El racismo es hoy también económico
No puedo llegar a las comunidades apartadas


En enero de 2001 Rigoberta Menchú pasó por Zacatecas. Un sólido cerco se creo alrededor de su llegada. La Universidad Autónoma de Zacatecas la había invitado para presidir la entrega de una serie de premios a mujeres universitarias. Afuera del evento, las mujeres congresistas protestaban por el alza del precio del autobús. Comparativamente el precio de los autobuses en México es muy bajo. En aquellos días costaba 2 pesos el viaje. Sin embargo, con un salario de escasos dos mil pesos mensuales, el viaje en vehículo colectivo se volvía incosteable para muchos. Aunque resulte difícil de creer para algunos, hay en Zacatecas quien tiene que elegir entre desayunar y viajar a su trabajo o a la escuela. Haga sus cálculos de lo que cuesta a una familia promedio pagar el transporte de todos sus miembros, tres a cinco (para un núcleo pequeño.)

Rigoberta llegó a eso del medio día, retrasada por problemas de clima en la ciudad de México. Me llamó la atención el que llegase con tan poco tiempo. Y ese fue el tema brevísimo que pude tratar con ella. Llegar a cualquier parte de México con apenas unas horas en la agenda, implica no poder llegar a sitios remotos, casi siempre coincidentes con los sitios en donde viven los indígenas de nuestras entidades federativas. Noté, también, que nadie en el comité organizador de Menchú, había contemplado la presencia de los líderes huicholes de la localidad. A iniciativa de Colette y de John Lilly pudimos promover un encuentro en el museo zacatecano. La verdadera nota del evento estuvo ahí. Parecía planeado pero fue espontáneo, Martina y Rigoberta... Visita esta crónica/diálogo.